Podemos imaginar en este principio de siglo no imaginativo y pegajoso, una mujer tan fascinante y enigmática que Nefertiti, soberana que reinó hace 34 siglos sobre el imperio poderoso de Egipto. Escondida en el suelo durante milenarios, su cara vuelve a surgir milagrosamente intacta cerca de las riberas del Nilo. Desvela su incomparable belleza.
De un día al otro, Nefertiti vuelve a ser la mujer famosa que fue ya en aquella espléndida antigua civilización. Es muy tenaz, este amazona del espíritu y herética de los ídolos que soñaban con un mundo de amor, fraternidad y armonía. Empezamos a penas a entender la influencia capital que ejercía sobre el pensamiento occidental. Es ella y Akenatón quienes sembraron el grano de cebada de dónde germinaron las grandes religiones de Moisés y Jesús.
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