KEOPS

Genio y desmesura (2538-2516 a.C)

Nos resultaría muy difícil contar los principios de Egipto porque tiene raíces desde la noche de los Tiempos. Desde la época predinástica, tinita, desde el rey mítico Narmer, primer soberano de la doble corona, desde los grandes faraones como Djeser y su genioso arquitecto Imhotep, Keops apareció durante la dinastía IV como el soberano más megalómano del Antiguo Egipto.
Tras 22 años de reinado, consiguió que su pueblo le odiara. La mayoría de sus representaciones fueron destruidas. Solamente encontraron de él en Abydos una pequeña estatua de marfil midiendo 7 cm de altura. Es el hijo de Snefru y de la reina Hetepheres. Snefrou se había ejercitado en realizar la pirámide perfecta, pero es Keops quién lo conseguirá con su Gran Pirámide. La dinastía IV es ante todo la época de los constructores de pirámides espectaculares, símbolo de una sociedad que lo organiza todo alrededor del faraón como valor supremo.
« No solamente lleva los recursos de su país a su beneficio sino también todas las cargas civiles y religiosas están confiadas a los miembros de su familia » escribió Jean Yoyotte. Los vestigios del arte de la época son testigos del resto de la perfección masiva y aplastante alcanzada por la institución faraónica, ya que se había desarrollado durante la tercera dinastía. Sabemos poca cosa del hombre que fue keops excepto que tenía una afección particular por su madre, la reina hetepheres. La tumba de su madre, probablemente situada en meidoum o Dashour fue saqueada. Entonces su hijo hizo recuperar el resto del tesoro y la enterró en un escondite ubicado cerca de su propia pirámide.
Evidentemente no podemos hablar de Keops sin evocar el único monumento que queda de su reinado; la Gran Pirámide, séptima y única maravilla del mundo que está todavía de pie. No olvidemos que fue un gran ingeniero y urbanista distinguido, hizo obras de la plataforma de Gizeh y desvió el Nilo para hacer pasar un canal en el aplomo de la meseta. Así permitió a sus sucesores instalar sus viviendas eternales.
Con sus 146,50 m de altura, sus 230 m de base, un volumen de 2 600 000 metros cúbicos, sus 5 000 000 toneladas de piedras y la orientación exacta de sus 4 caras sobre los puntos cardenales, la Gran Pirámide constituye un elemento de renacimiento simbólico ideal. « La montaña artificial » escribió Isabelle Franco es una escalera que debe conducir el rey hacia el cielo y al mismo tiempo una alusión a la piedra primordial, el « benben » que materializa la loma surgiendo del caos y tocada por el primer rayo del sol creador. Nada es demasiado bonito por el dios faraón, le habían construido 2 amplias embarcaciones para emprender el viaje hacia el mas allá. Una fue encontrada desmontada y la han reconstituido, se puede ver en un museo cerca de la Pirámide. Sin embargo, ningún templo, ni el bajo, ni el alto que fueron lugares indispensables a los ritos funerales fueron conservados. Solamente queda la inmensa necrópola de los obreros que dieron sus vidas para edificar esta obra de excepción. Tan excepcional que siempre hace sonar las imaginaciones. Desde el siglo XIX, los egiptólogos han regularmente tenido que proteger sus obras de las elucubraciones de los “egiptomanos”. Algunos querían que el levantar de la Estrella Sirius fuera correlada a 1 elemento de la pirámide. Lo han encontrado. Se trata de la conducta de ventilación del dormitorio real. Otros son obsesionados por descubrir la momia real. Es el caso reciente de Pilles Dormion y Jean Yves Verd’hurt que han despertado la crónica con sus libros sobre la habitación real de Keops. Convencidos de que el sarcófago del rey se encuentra bajo la habitación de la Reina. Su petición de permiso para excavar el suelo de la pieza ha bien evidentemente estado desnegado categóricamente por las autoridades egipcias.

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