El Egipto de los primeros faraones
En el tercer Milenio , anterior a nuestra Era , los reyes egipcios vivian en un lujo y refinamiento sin igual.
Esculturas, pinturas, objetos usuales…
Al principio había el Nilo. Un río inmenso, nacido en la región de los grandes lagos del corazón de Africa y sobre las montañas de Etiopía.
Cada año, entre el primero y décimo thot- en la segunda quincena de nuestro mes de julio – el agua transcuría desde el sur lejano, inundaba la estrecha llanura en pleno desierto, trayendo los sedimentos arrancados sobre su camino. Cuando el agua se retiraba, las semillas se podían sembrar, los cerdos las pisoteaban para enterrarlas y las manadas volvían sobre el camino de los pastos.
Entonces , en este lujoso oasis entre el Sahara y Arabia, durante más de tres milenios, los reyes acumularon las riquezas, edificaron monumentos fabulosos, contaron sus vidas fastuosas encima de los muros de los templos y de las tumbas. Multiplicaron obras que fascinan, hoy todavía ,a los visitantes del mundo entero.
El periodo más brillante es el más antiguo, el de las primeras dinastías registradas. Este tercer milenio antes Jesucristo, cuando embalsaman los faraones dentro las pirámides de varios centenas de metros ,rodeadas de templos, de pasillos monumentales, de dársenas y puertos. No es solamente el tiempo del Gigantismo sino también la época cuando los talleres reales bosquejan las estatuas más perfectas, cuando el trabajo de las piedras, de la tierra y de los metales preciodo, resulta ser el más refinado.
El país entero está a la espera de la crecida del Nilo. Recordar que Egipto es un don del Nilo parece banal. Sin embargo es solamente en el último siglo que se ha descubierto el doble origén del río, el lago Victoria y las altas mesetas de Etiopía, y que se ha entendido el funcionamento de aquel gigante oleaje que hizo florecer el desierto.
Desde estas alturas el corriente aprovecha del deshielo y se va hacía el Norte para desembocar finalmente en el Mar Mediteraneo.
Sin esta impresionante crecida, cuyo origén quedaba un misterio para los egipcios, este país sería una banda de piedrecitas y de polvo situada entre el Magreb y el Próximo Oriente.
Cada año se repite la misma ceremonía: el país entero, faraones y sacerdotes los primeros, esperan al lado de los nilometros ( estos escalones que sirven de referencias ), el desbordamiento del río. La crecida es una diosa benefactora, HÂPI, que inunda las orillas y las llanuras desde Nubía hasta el Mediteraneo y que llega a los pies de los acantilados calcáreos que rodean el desierto. Estos vastos y áridos espacios representan el país de la sed, de la angustia, de los escorpiones mortales y de los espirítus malhechores. Soló emergen del territorio sumergido algunas lamas : representaran en la religión egipcia la imagén perfecta de la Creación.