Mi nombre viene del árabe “al ambar”. Soy una verdadera resina fósilizada. Puedo ser amarilla pálida, morna, miel o blanca como la leche. De manera más contada puedo ser también azulada, y en este caso provengo de Santo Domingo. Me encuentren también en Rusia, Poloña, Suecia, Dinamarka, en los Países Basquos y en Gran Bretaña. Parece que mi atración es solar, espiritual y divina. Soy el símbolo de pureza y de la imortalidad. En sus obras, Homero me describe como una resina curadora. Calmo, alivio considerablamente los seres humanos enfermos. Favorezco la buena dentición de los bebes, alivio los dolores y la fiebre. Soy una verdadera hadita en caso de ásma, bronquitis y alergía. Cuando tenéis un periodo agitado y perturbado, eligid un collar de ámbar para llevarme. En contacto con vuestra piel, las trazas de inquietud se iran y las ideas depresivas se atenuaran. Permito tener distancia frente a una situación confusa. Pero aún a distancia, mi acción es beneficiosa. Desarollo la intuición. ¡¡No vaciléis, 34 años de boda!! Dejarme acompañaros por nuestra felicida más grande.